domingo, 3 de enero de 2016

El bilingüismo real

Cuando un niño vive en el extranjero durante un cierto tiempo, o cuando uno de sus padres es de nacionalidad extranjera, es inevitable que se plantee un problema de dualidad de idiomas. ¿Puede aprender dos o más idiomas a la vez? Indudablemente que si, y todos hemos conocido niños que hablan en su casa el idioma de sus padres y fuera de ella el idioma del país donde residen. En el niño pequeño (la edad ideal se sitúa entre los tres y los siete años) esta extraordinariamente dotado para el aprendizaje de idiomas. Su aparato fonético es todavía muy flexible, su memoria, prácticamente virgen y su oído extremadamente fino. Sin ninguna dificultad aprende a pronunciar la r del francés y la th del Inglés y a captar los acentos tónicos. En cuanto a si deben aprender los dos idiomas al mismo tiempo, existen diversas opiniones: para algunos el aprendizaje simultáneo de dos lenguas podría crear en el niño confusiones difíciles de desarraigar; para otros, la misma facilidad y perfección con que los aprende indica que no se origina ningún problema.


En apoyo de esta última opinión, alegan que existen muchos pueblos que son bilingües, es decir, que en ellos se hablan habitualmente dos idiomas distintos que los niños aprenden al mismo tiempo y que, desde luego, no existe ningún indicio de que el aprendizaje simultáneo de las dos lenguas haga personas con problemas posteriores de aprendizaje de otras materias: son tan capaces e inteligentes como los demás.

Lo que sí parece cierto es que uno de los idiomas que el niño aprende será dominante, es decir, que hablará y escribirá con mayor perfección. A este idioma se le llama “materno” y es el que habla el grupo social en que se desarrolla el niño, independientemente de que sea o no el que habla la madre. Los padres indudablemente, deben evitar firmemente que el niño hable mezclando los dos idiomas y obligarlo que hable, por ejemplo, buen español cuando hable en español o buen Ingles cuando hable Inglés.

Fuente: libro de Selecciones R.D. -Sin Temor a equivocarse-.

Otro texto que cita la manera en como los niños aprenden su lenguaje:


Hablaba como niño

La capacidad del recién nacido para aprender una lengua con solo escucharla deja perplejos a padres y pediatras. Los investigadores han descubierto que a los pocos días de nacido, el niño ya se ha acostumbrado a la voz de su madre y la prefiere a la de un extraño; a las pocas semanas sabe distinguir entre los sonidos de la lengua materna y los de otras lenguas, y a los pocos meses es capaz de percibir como se articulan las palabras, lo que le permite diferenciar entre el habla clara y los sonidos ininteligibles. El Apóstol Pablo escribió: “Cuando yo era niño, hablaba como niño” (1 Corintios 13:11, Nueva Versión Internacional).

¿Cómo empieza a hablar un niño? Por lo general, con una serie de balbuceos incoherentes. ¿Son solo ruido? ¡De ningún modo! En un libro sobre desarrollo cerebral de los infantes durante los primeros 5 años, la neurobióloga Liz Eliot nos recuerda que el acto del habla es “una actividad motora compleja que requiere la rápida coordinación de decenas de músculos que controlan los labios, la lengua, el paladar y la laringe”. Y añade: “Aunque el balbuceo del bebe parezca solamente un medio encantador de llamar la atención, es también un importante ensayo de la compleja gimnasia del habla” (What’s going on in there?-How the brain and mind develop in the first five years of life).

A su vez, los padres reaccionan a los balbuceos de su bebe exagerando la pronunciación de las palabras, lo que también cumple un propósito: motivarlo a responder. Mediante dicho intercambio, el niño aprende las técnicas elementales de la conversación, una habilidad que utilizara el resto de su vida.

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